Paraguay:No hay justicia para los pobres, según esposa de don Sindulfo Agüero

12 08 2011

Alejandra Bazán de Agüero dijo que otra vez queda sola y pobre en su casa, con el nuevo escenario jurídico-político que se abrió con el fallo de la Cámara de Apelaciones, que vuelve a sentar a su esposo e hija, junto con los otros 12 campesinos, en el banquillo de los acusados, al anular el fallo del juez Gustavo Bonzi.

Tanto su marido Sindulfo Agüero, como su hija Estela Agüero, están acusados de supuestamente haber colaborado con el grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) durante el secuestro del ganadero Luis Lindstrom. Sin embargo, la Fiscalía no pudo demostrar la implicancia de ninguno de los acusados durante la audiencia preliminar, por lo cual el juez Bonzi los liberó el pasado 28 de junio.

Alejandra aseguró que ahora, nuevamente, está “a la de Dios que es grande”. “Sólo a los pobres se les juzga, nosotros somos inocentes, no hay en nuestro país justicia para los pobres. Para los ricos sí, los narcos, por ejemplo, siempre se les libera pronto”, afirmó. “El gobierno no quiere saber nada de los pobres, no hay justicia para los pobres. Le juegan a los pobres, juegan con nosotros”, aseguró.

Ahora los acusados deberán someterse de vuelta a una nueva audiencia preliminar, pero con un nuevo juez/a. Tampoco se descarta que algunos/as de ellos/as pudieran pedir refugio en países vecinos, ante la falta de garantías judiciales y la injerencia política en el proceso judicial.

Fuente: Correo Informativo BASE IS

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En Argentina: Un grupo de sacerdotes repudia la xenofobia, el odio y la cobardía de ignorar a los pobres

21 12 2010

El Movimiento Curas en la opción preferencial por los Pobres (Argentina) en su mensaje de navidad manifiesta la necesidad de construir un proyecto de nación libre de toda opresión y repudia el odio de clase, el racismo, etc.

“Que se haga aparecer a las víctimas como responsables de su desgracia, es un viejo mecanismo de dominación”, dice en parte el pronunciamiento. Acontinuación el documento:

En Navidad, Dios se compromete con la historia asumiendo la condición humana en Jesús, que nació, vivió y murió pobre, y es precisamente desde los pobres de la tierra que anunció una Buena Noticia de liberación, paz y justicia para todos.

Al acercarse esta celebración de fe que también es motivo de alegría y encuentro para nuestro pueblo, y al finalizar un nuevo año -momento de balance- queremos acercarles nuestro saludo fraterno y nuestra breve reflexión sincera sobre los “signos de los tiempos” que nos tocan vivir, porque creemos que allí Dios nos dice una palabra que debemos escuchar.

Ha comenzado este año la celebración del bicentenario de la independencia nacional. La festiva celebración de nuestro pueblo que se volcó masivamente a las calles, con alegría y en paz ha sido un signo de esperanza del Reino de Dios que está entre nosotros.

La memoria viva de nuestra historia será siempre un motor que nos impulse a construir una patria de hermanos. Recordar los ideales que nos dieron origen, una nación latinoamericana donde todos somos hermanos/as e hijos/as de esta tierra, y reflexionar sobre nuestro proceso emancipatorio nos mantiene en guardia frente a los peligros que conlleva el ansia de colonización y conquista de los poderosos que, hoy como ayer, son una amenaza.

Es necesario construir un proyecto de nación libre de toda opresión oculta o manifiesta ya sea de imperios, países desarrollados o grupos concentrados, ya sea de argentinos que militan contra el país para hacer sus negocios con los poderosos; quizás debamos aprender a no pretender reflejarnos en el llamado “primer mundo”, que excluye y mata, sino en atrevernos a vivir esperanzados en una “civilización de la pobreza”, que hermana e integra.

Los tristes hechos vividos en Villa Soldati que se cobraron tres vidas, sumados a los muertos de la comunidad Q’om por la represión policial en Formosa, la muerte de Mariano Ferreyra y la indiferencia criminal sobre los desmontes en Santiago del Estero, Chaco, Formosa y Salta, el desprecio por la vida de los vecinos cercanos a las minas a cielo abierto, nos entristecen y nos ponen alerta acerca de la tendencia frecuente a culpabilizar a las víctimas en los conflictos donde el verdadero verdugo es el lucro infinito y las políticas que favorecen a los explotadores o las élites.

Los terratenientes que no respetan a los verdaderos dueños de la tierra, las empresas que se enriquecen a costa del trabajo precarizado o de la sobreexplotación de recursos y el olvido de los pobres sin techo y sin trabajo como si ellos no existieran, son -en estos casos- raíces de desigualdad y violencia.

Que se haga aparecer a las víctimas como responsables de su desgracia, es un viejo mecanismo de dominación.

Se intenta legitimar el poder del más fuerte con el argumento de que la violencia, la represión o la injusticia son inevitables porque la víctima se lo buscó o que a veces el “orden” es más valioso que la vida.

El que es pobre es porque no trabaja, se dice. El que no tiene vivienda es porque no se preocupó de tenerla. El que ocupa una tierra es un delincuente. El inmigrante es un narcotraficante y les quita el pan a los argentinos. Al que no le alcanza el dinero es porque tuvo muchos hijos. Quieren convencer a toda la sociedad de que todos ellos son culpables por haber nacido y deben ser reprimidos o borrados del mapa.

Parecería que las autoridades del gobierno de Formosa, la ciudad de Buenos Aires o algunos otros rincones de nuestra Argentina, aspiran a un país sin indígenas, sin inmigrantes latinoamericanos, sin movilidad social ascendente, sin culturas de origen, sin gente de condición humilde. Un país a la medida de sus ambiciones.

Es en este contexto que repudiamos la xenofobia, el odio de clase, el racismo, la violencia verbal; no queremos un país para pocos y repudiamos la cobardía de ignorar a los pobres. Y anhelamos una voz más firme de nuestros pastores que acompañan a las comunidades más postergadas.

La imagen navideña de Jesús pobre, acobijado por sus padres y el calor de un par de animales, nos alienta a buscar otro mundo posible, con lugar para todos, desde la sencillez cotidiana del amor, la justicia y el respeto por los demás. “Otro mundo posible” que sabemos que se va haciendo realidad en decenas de experiencias que surgen desde los mismos pobres a lo largo y ancho de nuestro país. El pesebre es el lugar desde donde Dios tiene una palabra para decirnos si somos capaces de escucharla.

Curas en la opción preferencial por los pobres, Navidad 2010.